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En febrero del 2004 recibí una invitación del ITC para participar como docente en un curso de 12 días en Dhera Dun, India, organizado por el departamento de aguas del IIRS (Indian Institute of Remote Sensing). Nuestro contacto fue un ex-estudiante del ITC, Hari Prasad. El viaje comenzó muy temprano el lunes 24 de Febrero en Enschede, y la primera fase culminó en el aeropuerto de Nueva Delhi a las 23:30 hs de ese mismo día incluyendo una diferencia horaria de 4:30 hs.
Llegamos a horario, que fue lo único bueno de la experiencia. Tratar de
describir la estación de trenes me llevaría varias páginas. Se acuerdan de la
canción: "El viejo Matías duerme en cualquier parte...", bueno en
esa estación había como dos millones de viejos Matías. Dormían en la
escalera en las columnas, en los escondrijos, era una villa miseria a la
millonésima potencia. El taxista me dijo que la mejor manera de llegar al tren
que me correspondía era contratar a uno de esos linyeras. Yo tenía una
computadora personal, un GPS, toda mi ropa, tarjetas de crédito y algo
adicional en dinero. Miré alrededor y no encontré ningún cartel indicador de
nada. Era obvio que la forma sugerida por el taxista además de ser la mejor,
era la única. Con una señal del taxista apareció como de la nada un linyera
con un turbante. Ahí entendí la utilidad del tuebante, lo usan de almohada, de
sombrero y de cojín. Se puso mi valija en la cabeza y como le pareció poco
quería que le diera mi mochila y mi valija de mano con la PC. Le di la mochila,
para que se tranquilizara porque parecía nervioso. Además pensé que con todo
ese era imposible que se me escapara corriendo. Claro que me pegué al ñato
como Pasarella al nueve contrario. Me preguntó si tenía el ticket del tren
para saber donde iba. Se lo mostré, lo tomó y lo miró como quince segundos.
No creo que supiera leer, porque el billete estaba al revés. Me preguntó donde
iba y le dije Dhera Dun. Llamó alguno de sus colegas de oficio y sin muchos
problemas llegamos hasta un andén vacío donde me dijo que tenía que esperar.
Me preguntó si quería "servicio completo", es decir subir la valija
al tren. Mi intento por hacerle entender que no había ningún tren fueron en
vano. De igual modo le dije que sí. El tipo puso la valija al lado de él y se
sentó en el suelo. A los pocos minutos otros pasajeros comenzaron a llegar.
Todos en la misma situación que yo, cosa que me tranquilizó bastante. A las
7:00 hs en punto el tren de Dhera Dun se apostó en el andén. Había solo dos
vagones de "primera". El resto era peor que los vagones del Roca. Ni
bien abrieron la puerta el linyera se montó al tren y yo atrás de él a los
codazos. El billete del tren no decía nada, ni andén, ni vagón, ni hora de
salida, nada. Solo el destino y tenía unos números raros. Ya en el vagón
identifiqué que los números de los asientos semejaban unos de los números que
tenía el billete. Me senté en el asiento numerado como en mi billete,
esperando que el guarda apareciera. El que visita la India como turista vuelve enloquecido por los aspectos
históricos culturales tan reconocidos en las culturas asiáticas. Yo la visite
como trabajador. India es un país que ha decidido históricamente marginar a la
mayoría de la población a vivir en condiciones de pobreza absoluta. No pude
deshacerme de ese pensamiento para disfrutar de las maravillas que la India
puede ofrecer. Mi intento por ir a dar una vuelta terminó a quinientos metros del Hotel, cuando me percaté que mi vida corría serio peligro. La idea de caminar es imposible en esa ciudad pues los automóviles te pasan a menos de un metro y acelerando. Un descuido, un resbalón y sos hombre muerto. India está regida por un mecanismo social de castas que lisa y llanamente ha marginado de todo acceso a un bienestar siquiera "indigno" al 80% de la población. Es un país para hacer negocios por la cantidad descomunal de gente que tiene, pero la mayoría de esa gente vive en la pobreza extrema. No quiero seguir más con este tema. Lo desconozco. Lo único que digo es que los hindúes lo entienden y lo aceptan. Para ellos es así y no creo que hagan nada por mejorar las perspectivas de esa masa de gente. Luego de haber visto lo que vi, no me caben dudas que cualquiera que tenga ganas y voluntad por ganar un premio Nóbel de la Paz, lo gana ayudando enfermos en la India. Ya tuvieron un Mahatma Gandi, una Madre Teresa de Calcuta, y estoy seguro que hay cientos como ellos trabajando en silencio para ser firmes candidatos alegóricos de un premio que no buscan.
El valor de la mano de obra es despreciable en la India, y vale esta
anécdota para ejemplo. El último día junté coraje y me fui a cortar el pelo,
luego de buscar por cielo y tierra una peluquería más o menos decente. Como no
la encontré, fui a la que estaba menos sucia. Esta claro que no tengo mucho
pelo y no me podían cobrar como si se lo cortaran a un actor de cine. De
cualquier forma me imaginé que costaría lo mismo que en Argentina más o
menos. En noviembre había ido a un estilista en Buenos Aires y me cobró algo
así como seis euros, y fue mejor corte de pelo de mi vida. Agarré 300 rupias
(seis euros) y partí para el esquile. En el lugar donde daba clase, el director me dijo que todo era así en la India. A él se le había roto una cañería y el arreglo, que incluyó revoque y pared nuevos, le costó 1 euro. Si tienes algo de dinero y no tienes complejo de ver gente pobre deambulando por todos lados, la India es el lugar par ir. Vivirás como un rey a costa de nada.
Lo más rescatable del viaje fue el Hotel Madhuban, un tres estrellas bien
puestas, la atención y cordialidad de la gente de la India en todos los lugares
que fui y la excelencia de la comida hindú a pesar de las diarreas continuas
los primeros días. | |||||||||||