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Después de tres años la familia Parodi por completo visitó nuevamente la
tierra gaucha. La situación económica y la diferencia cambiaria entre el Euro
y el peso favorecieron mucho la aventura.
Yo viajé una semana antes por Iberia para dar un curso en Tandil, que
resultó ser muy provechoso, aunque agotador. Una semana más tarde llegó Charo
con los chicos a Ezeiza entre la algarabía y vivas de los abuelos que los
fueron a buscar.
Natalia le dio besos y abrazos a todos como si fuera cosa de todos los días ir
a Argentina. En realidad no conocía a nadie, pero a ella no le importaba.
Inmediatamente nos trasladamos a Santa Clara del Mar a pasar una semana alejado
del mundo de las PC y en familia. El complejo Amarras resultó poco menos que un
hotel tres estrellas. Sin servicios comunes y nada para hacer. Un desastre y no
vayan.
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Alquilamos dos bungalos grandes, uno para nosotros y otros para mis padres y mis
sobrinos Micaela y Ezequiel.
Natalia no se despegaba de Micaela, y esta última con mucha buena voluntad la
siguió a todos lados. Andrés y Ezequiel hicieron rápidamente migas en las
batallas campales de los cíber con juegos en red. Todos los días fueron buenos
excepto el miércoles que llovió todo lo que quiso.
Para el fin de semana vinieron Miguel y Claudia. Para ese entonces ya había
engordado un par de kilitos que esperamos perder pronto.
El regreso a Buenos Aires se hizo dividido entre el autobús para mamá,
Andrés y yo y en la camioneta de Miguel para los demás. Todos sabemos de las
dificultades que Natalia tiene para soportar viajes largos, por lo que la
alternativa válida fue posicionarla en la camioneta que presumía un viaje
corta a Buenos Aires. Corto pero incómodo, según me dijeron.
Ya de regreso a Buenos Aires descansamos unos días y nos trasladamos a Pilar
al country de Miguel donde pasamos un par de días estupendos. Estando ahí
pasó varias veces por mi cabeza dejar todo en Holanda y trasladarme de vuelta a
la patria. Pero por ahora eso no es posible.
Natalia y Andrés gozaron de la piscina y el sol. Andrés jugó al fútbol de
salón (2 contra 2) y la pasó genial.
Dos días más tarde regresábamos a Buenos Aires porque Charo no gusta de
estar mucho tiempo en el "campo". Nunca entenderé que atractivo ve en
caminar por una ciudad llena de gente y smog durante el verano. Si le preguntas
a 1000 tipos en Buenos Aires si les gustaría estar en ese momento disfrutando
del sol y de una piscina, 999.5 te dirían que obviamente sí. Pues mi mujer
prefiere el smog.
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Luego llegó la tradicional fiesta de
Navidad en la quinta. Los tíos Martha y Roberto la vistieron de gala para
el acontecimiento. Un dejo de tristeza flotó en el aire cuando me di
cuenta que no estaban ni Gonzalo (le tocaba ir a lo de Flaiban) ni
Florencia ya haciendo su vida en Canadá.
De cualquier forma la pasamos bien. Todos nos vimos un poco más viejos,
pero dadas las circunstancias llenos de espíritu. Volví a ver a todos
los familiares que uno no ve y tiene ganas de ver. Muchos ya no estaban
desgraciadamente. En lo personal me sentí un veterano cuando le saqué la
foto a la mesa de las chicas que ayer eran niñas y hoy mujeres. El tiempo
no nos ayudó mucho y mi tía tuvo que hacer todo dentro. De cualquier
forma el tiempo aguantó bastante bien para la tira de cohetes. |
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El almuerzo del 25 nos vio a todos reunidos como en las viejas épocas. Fue muy
sano espiritualmente volver a estar en familia como cuando jóvenes una vez
más.
La fiesta de Navidad fue muy saludable y terminó en paz. Volvimos a Buenos
Aires despidiéndonos de Miguel, Claudia y mis sobrinos que viajaban a la
provincia de Córdoba a pasar fin de año con los padres de Miguel.
| Entre tanto estuvimos en Buenos Aires de
compras y descansando. Fuimos a varios lugares con los viejos que nos
llevó a comer en un carrito de la costanera donde los chicos y todos la
pasamos genial. Realmente muy recomendable. |
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Luego de algunos preparativos en Buenos Aires (ver fotos de abajo), volvimos
a la quinta para la fiesta de fin de año que fue más íntima como siempre. Un
gran asado nocturno que estaba para chuparse los dedos. El día fue empañado
por una llamada telefónica tan oportuna como maquiavélica realizada por
Federico, el actual esposo de Florencia, desde Canadá que si bien no alcanzó a
aguar la velada, fue suficiente para amargar parte del día.
La fiesta continuó hasta que se agotó la carga de champaña (Montchenot Brut).
Al otro día nos levantamos muy, pero muy tarde...
Y así, tan pronto se nos acabó el tiempo. Intercambiamos besos y buenos
augurios con todos los familiares y algunas lágrimas en la despedida desde
Ezeiza. Habrá otra vez y esperamos que sea muy pronto.
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